Gabriel le trajo arroz chino y pollo asado (sabía que Violet le gustaba mucho el pollo) y comió con ella, para que no se sintiera incómoda.
Fue curioso para la chica porque se sentía muy cómoda al lado de Gabriel, aunque sabía que la obligaría a comer si se negaba. No dejaría que su ahora bella noche se dañara, por eso puso de su parte para comerse todo. Tal vez era su buen ánimo lo que produjo que, al llevarse la primera cucharada de arroz a la boca, su estómago se abriera y la sorprendiera con un enorme apetito.
—¡No, yo me iba a comer ese muslo! —Violet le quitó...