Gael reía con sangre salpicando de su boca; todo su rostro estaba magullado por los golpes, también tenía moretones y sangre por su pecho desnudo. Aunque estaba recostado a una esquina de la habitación, acorralado por el grupo de jóvenes, reía retorcidamente.
Gabriel observaba con desconcierto e impotencia. Había acabado de leer el nombre tatuado en la costilla de Gael y comprendió lo peligroso que era que alguien como aquel tipo estuviera libre por las calles, siendo un peligro para todas las personas que más quería, pero sobre todo para Violet, a quien acababa de intentar violar.
—Gabriel, baja esa pistola, por favor —pidió Mariano con voz calmada, pero firme—,...