Corrimos por los pasillos como dos lunáticos. Habíamos llegado diez minutos tarde a la primera clase de la profesora Willow.
Todo fue culpa de la alarma de Matt que no le dio la gana de sonar a la hora fijada.
Me detuve a mitad del pasillo de la preparatoria con el corazón acelerado y la respiración errática. Correr nunca había sido mi fuerte y ha este punto ya no podía continuar, me sentía exhausta.
Matt sujetó mi mano y tironeó de mí para que siguiera corriendo hacia el aula, que estaba a pocos metros. Al llegar a la puerta, la profesora Willow nos miró con molestia por haber interrumpido su...