Chapter 6 Tony descubre la verdad.

Chapter 6 Tony descubre la verdad.

Como en la familia Rodríguez lo habían acordado, se dirigen muy temprano al consultorio clínico, que Ana había visitado días anteriores.

—Hija ¿Cómo se llama el médico que te atendió?

—John Jhetro.

Se dirigen a la recepción y allí estaba la secretaria, era la única que había quedado trabajando en el lugar, entra en pánico, sin embargo, busca de esconder su nerviosismo.

—Buen día señores, ¿qué los trae por acá? —expresa tragando saliva. Abel hace contacto visual con ella y le guiñe un ojo. Ni en estos momentos deja al donjuán, que lleva dentro quieto.

—Señorita venimos buscando, al doctor John Jhetro, el trato en esto días a mi hija y tememos que hizo algo muy grave—la mira el padre de Ana con severidad.

—El doctor no se encuentra, de hecho, ya no trabaja aquí.

—El muy canalla huyo, es evidente lo que hizo—expresa Abel, quien es muy perspicaz.

—Puedes de aquí no nos vamos, hasta que alguien nos atiende y nos dé una explicación, de lo que le ocurre a mi hija.

—Señor no sé de qué habla, y la única que está es una doctora, que ingreso hace poco tiempo.

—Pues queremos hablar con ella, de aquí no nos moveremos, hasta hallar una respuesta—la chica le echa un vistazo a Abel, en medio del caos sus miradas coquetean.

—Abel esto serio—lo increpa su padre, al percatarse de las miraditas, entre la secretaria y su hijo.

—Bueno papá, es ella quien busca pelea—se muerda Abel, ligeramente el labio inferior y Ana solo frunce el ceño.

Entran para hablar con la doctora y ésta sale de inmediato, ya que el consultorio estaba prácticamente solo:

—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles? —expresa con gentileza la nueva doctora.

—No sé cómo empezar doctora, yo viene hace días, por una revisión de rutina y salí embarazada de aquí.

—¿Qué absurdo es ese?

—Mi hija no miente doctora, algo le hicieron aquí y arruinaron su vida. Ahora está embarazada y ella nunca, ha tenido contacto íntimo con nadie.

La doctora, queda atónita con lo expuesto, sin embargo, piensa que la huida del doctor, puede obedecerse a que algo está mal.

—Vengan conmigo—los hace pasar a su consultorio.

—¿Doctora y le puede sacar a ese niño? —pregunta Abel.

—Déjeme revisar a la paciente, esperen afuera por favor.

La doctora comienza con la revisión, verifica que en Ana no hay laceración, por lo tanto, no hay evidencia de que haya sido penetrada. Luego le realiza un eco pélvico, para corroborar lo del embarazo.

—¡Santos cielos! —exclama la doctora—joven usted está embarazada y por lo que vi, su himen permanece intacto. Jamás había visto algo así.

—Doctora el día que vine, el doctor me hizo un procedimiento, abrió mis piernas y creo que internó algo en mí. Lo más probable, que fue este hijo que espero.

—Hay que dar, con el doctor Jhetro de algún modo, él nos tiene que dar una explicación, a lo que te ocurre muchacha. De ser cierta, esta hipótesis de la fecundación, estará en serios problemas.

Salen a la sala de espera y conversa la doctora. Aprovechando la soledad del lugar.

—Señores no sé qué decirles, la joven es virgen, jamás ha tenido intimidad, aún conserva su pureza, pero efectivamente está embarazada. Pudo haber sido por error, que la inseminó tal vez el doctor Jhetro—la secretaria al oír, lo que dice la doctora, traga saliva y deja caer unos papeles al suelo.

—Lo siento doctora—la doctora, la mira de reojos y le dice:

—Mary usted trabajo aquí con el doctor, ¿por casualidad sabe algo al respecto?

—No doctora, yo soy una simple secretaria, quien puede saber es Lucy la enfermera, que trabajaba con el doctor. Lo siento—se enoje de hombros, pero en el fondo se muere de los nervios, ya que fue ella quien prácticamente, armó todo este entuerto, cuando intercambio sin querer la información de Ana.

—Bueno, no sé qué más decirles—manifiesta la doctora apenada.

—Esto no se quedará así, lo que le hicieron a mi hija, fue una infamia. Vamos a denunciar, vamos a ir hasta las últimas instancias. Lo que le hizo, ese mata sanos a mi hija, lo pagara con cárcel si es preciso.

—Están en todo su derecho a denunciar, pero hasta que no demos, con el paradero del doctor Jhetro, no hallaremos la verdad de lo que sucedió ese día.

—¿Tienes alguna información de la enfermera? —pregunta Ana a la secretaria.

—No, yo no sé nada de ellos.

—No te creo, tú estabas aquí, tú fuiste quien me atendió en la entrada ¿Cómo no vas a saber de ellos?

—Lamento lo que te pasó, pero te lo juro, que no sea nada. Yo no sé lo que hacen, los doctores adentro con sus pacientes muchacha.

—Ya hermana, no atosigue a la joven—apunta Abel y la chica le esboza una sutil sonrisa.

—Vámonos, desde ya empezará la batalla contra ese doctor—menciona el padre Ana.

—¿A dónde vamos papá? —pregunta Ana.

—A un lugar, donde harán valer nuestros derechos—salen de inmediato del consultorio.

Abel por su parte, le apunta a la secretaria, su número celular en una hoja.

—Llámame hermosa—bosqueja una pícara sonrisa, este Abel no pierde tiempo.

—Vamos, Abel date prisa—lo reprende su padre.

Ingresan juntos al auto y van rumbo al periódico, que preside Anthony Hufman. Su padre aún, no les dice a sus hijos a donde irán.

—¿Papá a donde vamos con tanto afán? —pregunta Abel incrédulo.

—Ya verán hijos, vamos a donde nos pueden ayudar y hacer justicia.

—Ay papi, estoy exhausta.

—Animo hija, que de esta saldremos adelante.

—¿Qué trampa del destino fue ésta? ¿Por qué la vida se ensaño así conmigo? —pregunta Ana atormentada.

—Pero, tenemos la solución, interrumpe el embarazo y salimos de esto—comenta inconscientemente Abel.

—Ni lo sueñes, no somos unos asesinos, jamás le diría a Ana, que hiciera semejante patraña—expresa su padre.

—No digas tonterías Abel, la criatura no tiene la culpa ¿Quiénes somos nosotros, para arrebatar una vida? —toca Ana su vientre y siente como el bebé, late dentro de ella.

—Lo siento, solo quise buscar una solución.

—Esa no es la correcta Abel, así yo sea la madre equivocada de este niño.

Su padre la mira con ternura, reconoce la valentía de su hija y sobretodo su noble corazón, que queda expuesto ante sus ojos.

*****

Llegan a las instalaciones del periódico “Un nuevo tiempo”, que es presidido nada más y nada menos, que por Anthony Hufman, el profesor de literatura de Ana, lo inevitable está a punto de ocurrir.

—Vengas hijos, vamos a subir.

—¿Papá que hacemos en un periódico? ¿Pensé que íbamos a la policía? —pregunta Abel.

—Sin pruebas y que después no acusen de otra cosa, a veces la justicia en este país es ciega, para los inmigrantes así estemos legales.

—Papá, pero nosotros somos americanos, Ana y yo. Vamos a una delegación luego, así sea con la interpol traeremos a ese médico de vuelta. Lo más probable que haya huido del país, después de la salvajada que hizo.

—Así es la gente hijo muy cruel. Seguro experimentó, en el vientre de mi pobre hija—Ana esta algo distraída pensando en su situación, y en todo lo que se le viene encima en la universidad y con su futura carrera.

Llegan a la recepción, y la empleada muy amablemente los atiende. Los hace estar en la sala de espera, para cerciorarse de que el CEO Hufman, se hallara en el edificio. Quien por lo general había dado órdenes a sus empleados, que cuando un latino este en aprietos, lo atiendan de inmediato, para ayudar a solventar su necesidad.

Ana mira, asombrada lo grande de la edificación, dejando a un lado su problema:

—Wao, que lugar tan maravilloso, algún trabajaré en un sitio así.

—Claro que si hija, tú estás embarazada no enferma. Bajo extrañas circunstancias claro, pero juntos podremos con esto, no estamos solos hija. Ya verás que aquí nos van a ayudar.

Todos esperan impacientemente, para que el dueño del periódico los reciba. Llega la señorita de recepción y comienza con el protocolo de rigor:

—Por favor, me dan sus identificaciones, para el registro.

—No entiendo tanto formalismo—comenta Abel, quien está un poco impacientado.

—Tranquilízate Abel, no ves donde estamos. En un edificio muy importante, aquí tiene señorita—indica el padre de Ana.

Al poco tiempo la joven, les entrega sus respetivos pases, donde señala que son visitantes, se lo colocan de manera visible y suben al ascensor. Desde ya el corazón de Ana y del feto comienza a latir a máxima velocidad. Sin saber el nonato, que están por ver a su padre.

En el último piso, lo recibe la secretaria de Tony, una mujer de unos 55 años de edad, quien está por jubilarse:

—Buen día ¿En que los puedo ayudar?

—Buen día señora, quisiera hablar con Anthony Hufman, por favor es urgente—apunta el padre de Ana, mientras ellos esperan en un cómodo sofá, de color marfil muy cerca de gran ventanal.

—¿Quién lo busca?

—Mi nombre es Anderson Rodríguez, vengo por una cuestión, que le ocurrió a mi hija.

—Está bien, espere un momento.

Entra la secretaria, para anunciar al padre de Ana:

—Licenciado Hufman, lo busca el señor Anderson Rodríguez y dice que es urgente. Es un señor de origen latino.

—Seguro tiene una emergencia.

—Sí, así parece.

—Dígale, que pase Judith, por favor.

Sale Judith, para notificarle al señor Anderson, la respuesta de Tony:

—Señor venga conmigo, el jefe lo recibirá.

—Esperen aquí muchachos, que yo primero voy a hablar con él. Después pasas tu hija.

—Está bien papá—se queda Ana sentada en compañía de su hermano.

Ingresa a la oficina, aquello era enorme, el padre de Ana se complica un poco, con lo confortable del lugar:

—Buen día señor tome asiento—ambos se dan la mano—¿Qué lo trae por aquí? —pregunta Tony.

—Señor Hufman, gracias por recibirme. Su padre me ayudó mucho, cuando yo llegue a este país ilegal, fue la voz de muchos de nosotros. Ahora usted continúa con el legado.

—Mi padre era un buen hombre, yo trato de hacer lo mejor que pueda. Explíqueme su caso y en que lo podemos ayudar.

—Es mi hija Licenciado, fue víctima de una bajeza en una clínica. Le cuento, mi hija fue por una revisión de rutina, por unos malestares que tienen las mujeres en esos días, usted me entiende.

—Perfectamente.

—Ayer nos enteramos que mi hija está embarazada, cosa que es imposible, ya que mi hija es virgen. Atando cabos, llegamos a la conclusión, que posiblemente se lo inseminaron—Tony queda atónito con la narrativa y escucha muy atentamente—hoy fuimos a ese lugar y la doctora comprobó, que mi hija jamás ha tenido intimidad con nadie, hasta nos dio un documento, donde se revela que mi hija sigue siendo virgen, por lo que la teoría de la fecundación toma más fuerza.

—¿Dónde ocurrió eso, tiene el nombre del doctor?

—Eso ocurrió, muy cerca al centro de la cuidad, y el doctor se llama John Jhetro—un fuerte escalofrió se interna en el cuerpo de Anthony y de inmediato, su corazón late aceleradamente.

—¡Dios mío! —exclama Tony.

—Nosotros también, estamos muy asombrados licenciado, con toda esta historia. Mi hija está afuera. Ella puede narrarle mejor los hechos, ya que es la afectada.

—Hágala pasar—dice Tony evidentemente nervioso.

Abre la puerta, el padre de Ana y la llama:

—Hija, ven por favor—se levanta y acude al llamado de su padre.

—Ella es mi hija licenciado, Ana Rodríguez—Tony queda pasmado al descubrir, que es Ana la madre equivocada.

—¡Ana! —exclama.

—Profesor—se arroja de inmediato entre sus brazos, Tony hunde ligeramente su cara en su pelo y sus ojos se tornan levemente llorosos.

¿Qué pasará ahora entre ellos? ¿Le revelará toda la verdad a Ana de la inseminación? Averigüemos que nuevos giros, se darán próximamente en esta conmovedora historia.

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