—Ana, esa mujer eres tú—Ana y su padre lo miran extrañados. Sin embrago, no prestan atención a su comentario.
—Si profesor, soy yo que pequeño es el mundo.
—Hija, tu hermano y yo tenemos, que trabajar.
—Espere señor, si quiere Ana se puede quedar conmigo, claro para indagar un poco en lo que le sucedió, me comprometo ayudarlos.
—Está bien Licenciado, confío en usted. Hija luego tomas un taxi hasta la casa.
—De ninguna manera, mi chofer puede llevarla.
—Perfecto, hasta luego y gracias nuevamente licenciado—estrechan sus manos y el padre de Ana se retira. Dejándolos solos en su oficina.
—Profesor su oficina es enorme, y me gusta mucho la...