AZUL
—¿A qué te refieres con que no puedes darme hijos? —inquiere David con un tono de voz que me sabe a decepción—. ¿No quieres hacerlo, o no... puedes? —pronuncia la última palabra despacio.
—No puedo —digo, a penas en un susurro.
—¿Estás segura?, Podemos buscar ayuda...
—Para, por favor —ruego con cansancio—. Ya me he sometido a suficientes pruebas, solo tengo un cinco por ciento de probabilidades de quedar embarazada y yo... Yo no puedo hacerte eso... No puedo arrastrarte conmigo... —hablo rápido, cómo cuando quitas una bendita, esperando que la herida haya dejado de sangrar.
—Azul... —Retira mis manos de mi rostro avergonzado—, ¿Aún no te queda claro...