Era media noche y el hospital estaba sumido en un silencio en el área de espera.
A pesar de las personas que allí estaban nadie pronunciaba una palabra, hasta el llanto era reprimido en ese momento, como si hacer o decir cualquier cosa fuera causa te de alguna desgracia más.
El abuelo Adams estaba sentado viendo todo atentamente, no cabía en su cabeza lo que había ocurrido.
Ya la policía y los bomberos le habían explicado como dieron los hechos gracias a la cámara de seguridad del vehículo de Eros y a la de los negocios en todo el trayecto que tuvieron los carros hasta el accidente.
Era más que...