Un mes después de recibir esa llamada, al día siguiente volví al trabajo. La compañera de la mesa de al lado me contó que estaba embarazada.
“Espero que sea una niña”, me dijo con una sonrisa suave mientras ponía su mano sobre la mía. “Me encantan las niñas. Desde que estoy embarazada, he tenido un anhelo por los limones, así que la llamaremos Limón.”
Ella era la mujer más enérgica y fuerte del departamento, pero cuando hablaba de su futuro hijo, su expresión reflejaba una ternura y calma que nunca había visto.
Al ver mi mirada perdida, me preguntó: “Rosa, ¿qué pasa?”
“Nada”, respondí sacudiendo la cabeza.
Esa noche soñé...