No recuerdo si morí de dolor o de sangrado, solo recuerdo que esa noche, el viento aulló sobre mi rostro desnudo y sangriento.
Quizás antes de morir, las personas recuerdan momentos hermosos.
Atrapada en la confusión, recordé cuando tenía siete años.
Para dar a luz a José, mi madre me envió a vivir con mi abuelo.
Allí solo mi anciano abuelo vivía solo.
Era la persona más amable que conocí, me dio toda la bondad en mi vida.
Iba a buscar los champiñones que emergían después de la lluvia, cocidos y luego guisados con huevos para hacer una sopa para mí.
Un día, mi madre llamó para decir que Jimena...