[SANTIAGO]
Después de habernos besado hasta prácticamente quedar sin aire, ella suelta sus piernas de mi cintura y vuelve a apoyar sus pies en el suelo. La cara de felicidad que veo que tiene en este momento, es la que quiero que tenga siempre, verla así me hace sentir el hombre más afortunado del mundo. Nunca más quiero que esos ojos azules lloren y menos por algo que yo pueda evitar que suceda. —¿Te invito a cenar fuera?— Le pregunto mientras que mis manos juegan con su cabello y mi mirada se cruza con la suya en un juego de seducción que me hace pensar que salir de aquí no...