Les encantaba jugar cualquier deporte que se les presentara. Ya fuera tenis, ajedrez o incluso un simple partido de voleibol, siempre encontraban formas de desafiarse de forma mutua y mantenerse activos. La competencia amistosa entre ellos fortalecía su vínculo, convirtiendo cada juego en una celebración de su amor y compañerismo.
Solían ir al parque y hacer picnics. Llevaban una cesta llena de deliciosos bocadillos preparados por Hariella, junto con una manta grande donde se acomodaban. Bajo la sombra de los árboles, disfrutaban de la comida y de la compañía del otro, conversando sobre sus sueños, planes y todo lo que los hacía felices.
Estos momentos de simplicidad y alegría eran...