—¡Yo me opongo! —dojo ella de nuevo.
Hariella ostentaba un vestido mágico de tonalidad negra y lúgubre. En su cabeza tenía un sombrero que tenía adherido un velo que tapaba con ligereza su hermoso rostro. Su figura envidiable, la hacía ver como una mujer de ensueño o como una bruja de esos ceuntos de hadas y de fantasía.
Los invitados comenzaron a parlotear entre ellos, mientras admiraban la belleza extraordinaria de la desconocida, mientras que la novia, palideció—. El novio no la ama a ella.
—El novio no ama a la novia —dijo ella con voz firme.
Hariella empezó a caminar con elegancia y el entrecortado golpe de sus tacones...