A la mañana siguiente con la asistencia de Lena se dio en la tarea de conseguir a una niñera. Luego de hacerlo, estaba en el auto con sus mellizos, Helios y Hera. Estaban en el estacionamiento del centro comercial.
—Recuerden que no deben decir mi nombre —dijo Hariella a sus gemelos. Les entregó una tarjeta de crédito negro, solo por la ocasión especial.
—Sí, mami —respondieron ellos al unísono.
Los mellizos bajaron del auto en compañía de la niñera. Tenían cinco años y eran el reflejo de la elegancia y la gracia heredadas de sus padres. Con su cabello rubio y sus ojos azules, parecían pequeños príncipes sacados de un...