La atmósfera en la habitación era de pura conexión y devoción. Hermes continuó estimulando a Hariella, sus movimientos siendo tanto amorosos como apasionados. La sentía despertarse por completo bajo su toque, sus gemidos volviéndose más audibles, sus suspiros más profundos.
Hermes, observando el efecto de sus caricias en Hariella, sentía su propio deseo intensificarse. Cada sonido, cada movimiento de ella lo incitaba a continuar, a explorar más profundamente la intimidad que compartían. Con cada caricia, con cada movimiento de sus dedos, sentía que se acercaban más, no solo en cuerpo, sino también en alma.
Hariella con la mirada fija y lujuriosa, observaba Hermes. En sus ojos, vio el reflejo de...