Cristian llevó dudosamente una mano hasta el rostro de Lorena y limpió una lágrima. Se dio cuenta que la joven no se quejó de ese acto y así con más seguridad llevó su otra mano para limpiar el rostro de la chica.
—Oye, todo estará bien, ya verás. Solo espera a mañana y la vas a visitar, hablarás con ella y le pedirás disculpas, ¿qué te parece? —Cristian desplegó una sonrisa—, ¿qué es lo que más le gusta comer a Laura?
—Sandía, ¿por qué?
—Bueno, compra una sandía muy grande, la que más grande veas en la tienda y se la llevas como tributo de reconciliación —explicó Cristian.
Aquello hizo...