—No le prestes atención, solo te está molestando la mañana —dijo Cristian ya aburrido de los celos de Camilo.
—Como somos un grupo, nos gusta estar juntos —respondió Miguel.
—¿Y por eso desayunan aquí? —inquirió Lorena.
—Somos un grupo, es nuestro ritual —explicó Miguel con voz seria.
—Ah… Entonces yo estoy en medio de su ritual —Lorena quería soltar la carcajada, debería de hacerlo, ellos se habían burlado mucho de ella.
—Sí, eres la que quiere robarnos a Cristian —soltó Camilo.
—Pero, no soy nada de Cristian —refutó la joven.
—Dormiste aquí anoche, así que no entiendo mucho ese trato suyo, durmieron juntos —alegó Miguel mientras miraba su plato ya vacío.
—¿En serio están celosos? —Lorena se cruzó de brazos.
—¿Por qué? ¿No podemos? —discutió Camilo.
—Si a tu mejor amiga se le acerca un tipo raro ¿no te enojaría? —preguntó Miguel.
—Ella no tiene amigas —dijo Camilo.
—¡Claro que sí tengo! —se enojó Lorena.
—¿También es imaginario como tu supuesto novio? —inquirió Miguel.
—¡Oye! —gritó Lorena dándole un manotón a la mesa por su enojo.
—¡Basta! —gritó Cristian estresado. Todos se asustaron y rodaron sus miradas al joven— dejen de discutir, apenas son las seis de la mañana. Quiero desayunar tranquilo, ¿por qué no puedo hacer esa simple cosa en mi casa?
En ese momento la pareja de esposos entró al comedor.
—¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó la señora Julieta.
—¿Tus amigos están celosos? —inquirió el señor Vides con tono de burla. Camilo y Miguel se sintieron avergonzados al escuchar al hombre.
—Lo siento mucho —se disculpó Lorena mientras inclinaba su mirada.
Cristian tenía un rostro de pocos amigos, nunca planeó tener una situación así, no le agradaba para nada.
—Chicos, deben aceptar que Cristian ahora tiene novia, sean gentiles con ella —dijo el señor Vides mientras se sentaba frente a la mesa.
—Esto me parece ridículo, pelear porque mi hijo tiene una novia —bufó la señora Julieta.
Mientras todos iban en el carro había un gran silencio, Cristian no dejaba de mirar por la ventana bastante serio, Camilo iba de copiloto y musitaba una canción, Miguel manejaba, Lorena estaba atrás con Cristian y se sentía muy incómoda con aquella situación.
—Cristian, lo siento mucho por lo que pasó en el comedor, fue algo infantil, además, yo en realidad no soy tu novia, ni tu amiga. Lo siento mucho —se disculpó Lorena.
—Olvídalo —soltó Cristian sin dejar de mirar la ventana.
—Miguel, por favor, déjame aquí, caminaré lo que falta al colegio. Es mejor que no nos vean juntos; serán más problemas —pidió Lorena.
Miguel enseguida detuvo el auto, Lorena se bajó y comenzó a caminar.
—¿En serio vamos a dejar que se vaya caminando? —preguntó Camilo.
—El trato es solo con mis padres, no se confundan —dijo Cristian.
—Sí, pero no se ve bien que ella camine hasta el colegio cuando nosotros la podemos llevar —explicó Camilo.
—¿Quién te entiende? —preguntó Miguel— primero me dices que le dejemos las cosas claras a la rarita, después la enfrentas en el comedor y ahora te preocupas por ella.
—Oye… es que no se ve bien que se vaya caminando, mira que siempre la molestan porque llega sudada al colegio —explicó Camilo.
—¡Ya…! —gritó Cristian bastante estresado— dejen que se vaya caminando, no quiero que me vean con ella, ese es el trato.
—Ay, no lo puedo creer, ¿qué tiene de malo? —criticó Camilo.
—Oye, Cristian, ella te está ayudando con tus padres, no seas tan malo —Miguel miró por el retrovisor e hizo una mala cara. Todos quedaron viendo a Lorena que caminaba ya bastante lejos de ellos.
—Eres un malagradecido —se enojó Camilo.
—Entonces, no te vayas al colegio con un malagradecido, bájate del auto —dijo Cristian.
—Perfecto —Camilo se bajó del carro y corrió hasta alcanzar a Lorena rodeando la cintura de la joven con sus brazos.
—Te pasaste, Cristian —soltó Miguel algo enojado.
Lorena se asustó al ver a Camilo tan sonriente molestándola.
—¿Qué haces aquí? —preguntó la muchacha comenzándose a fastidiar. “Qué chico tan molesto” pensó.
—Acabo de discutir con Cristian —Camilo comenzó a caminar al lado de Lorena.
—¿Qué?, ¿por qué?
—Me enojó que Cristian te utilice para su beneficio propio y no valore eso —explicó Camilo. Aquellas palabras impresionaron a la muchacha.
—¿En serio?
—¿Por qué hiciste ese tonto trato con Cristian? —Camilo sumergió sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Ah… Es que hubo un malentendido, mi madre creyó que yo era novia de él, no me preguntes cómo pasó, yo tampoco lo sé y después, cuando quise desmentir todo hace unos días, Cristian solo me siguió la corriente y terminamos haciendo el trato, él no decía nada y yo lo ayudaba con sus padres.
—Pero, ¿no te parece que tú estás perdiendo en este trato?, yo siempre te estoy molestando con Miguel y Cristian te llama y tú debes de hacer todo lo que él quiere, además, dejarte caminando todo este trayecto hasta el colegio… —dijo Camilo. En ese momento vieron pasar el auto donde Cristian y Miguel iban.
—Ah… No sé, apenas comenzamos el trato —respondió la joven sin saber qué pensar.
—Esto está muy mal, me da rabia ese Cristian —soltó el joven.
Camilo y Lorena llegaron al colegio cada uno con un refresco en mano.
—Podría hacer esto todos los días, es divertido —soltó el muchacho, tenía el saco del uniforme en una mano, la camisa de mangas largas blanca remangada hasta los codos y con los dos primeros botones de la camisa desabotonados mientras que su corbata estaba suelta.
Algunos estudiantes los quedaron observando, era algo inusual verlos juntos y sonriendo mientras hablaban, además, Lorena se veía bonita, estaba peinada y con el uniforme bastante arreglado y no estaba tan sudada. Rápidamente capturaron la mirada de todos quienes comenzaron a murmurar.
Laura pudo ver a su nueva amiga a lo lejos y se confundió mucho al verla con aquel joven. Decidió seguirla para ver más de esa extraña situación, los jóvenes hablaban como si se conocieran desde hace mucho tiempo, en ese momento a Lorena le sonó su celular, ella hizo un gesto de impresión y después caminó rápidamente acompañada del muchacho.
—¿Será su novio? —se preguntó Laura.
Los siguió, ellos llegaron hasta la rectoría donde Lorena soltó un gran grito al ver a un joven alto, cabello negro y piel trigueña.
—¡Marc! —gritó Lorena emocionada y los dos jóvenes se abrazaron muy fuerte.
—¡Amiga! —gritó el muchacho y después le dio un beso en la frente de Lorena.
—¿Por qué no me habías dicho nada?
—Era una sorpresa —respondió Marc bastante sonriente y se apartó—, ¿cómo me queda el uniforme?
—Te ves hermoso, como siempre —elogió Lorena.
—¿Y él quién es? —preguntó Marc.
—Ah, él es Camilo, es mejor amigo de Cristian —presentó Lorena.
—Ah… el noviecito del que me hablaste. Mucho gusto —saludó el joven sonriente—. Oye, eres bastante guapo —Marc desplegó una sonrisa picarona.
—Gracias —soltó Camilo y después se ruborizó.
Laura quedó sorprendida al escuchar toda esa conversación, era amiga de chicos populares y como si fuera poco, tenía un novio, era como si ahora fuera otra chica. Laura se enojó mucho, Lorena le había mentido, no creía que hubiera cambiado tanto de un día para otro y conversar de esa manera con unos chicos, estar tan arregladita, hablar sobre novios y su amigo cool, ¡esa chica se veía que tenía mucho dinero como todos los que estudiaban allí!
Laura caminó lentamente por el pasillo bastante triste, se sentó en una banca que estaba por un parque y observó una foto que tenía en su celular con Lorena, era de esperarse, solo tenía un día de ser amigas; así que, en realidad no era amigas, solo conocidas. “Ella tiene un círculo social, amigos, novio, ¿por qué no me contó nada de eso? —pensó— claro, apenas nos estábamos conociendo, y yo que le iba a contar de mi amor platónico”. Laura alzó la mirada y a lo lejos vio algo que la dejó petrificada, era Miguel, estaba caminando por los pasillos del mismo instituto al que ella asistía. Se levantó de la banca con rostro de gran impresión.
Miguel estaba con Cristian conversando tranquilamente, Laura comenzó a acercarse para poder fijarse si era él, en aquel momento se escuchó el himno del colegio, algo bastante inusual, darían un comunicado, así que tendrían que dirigirse al teatro. Un grupo de estudiantes tropezaron a Laura quien cayó de rodillas al suelo.
—¿Estás bien? —escuchó que alguien le preguntó. Al alzar la mirada para ver de quién se trataba se asustó, era Miguel, la estaba ayudando a levantarse.
—Ah… sí, gracias —dijo la joven bastante tímida. Cristian observó el celular que la joven tenía entre sus manos donde se podía ver la foto que se tomó con Lorena.
—¿Son amigas? —preguntó Cristian a la joven.
—¿Qué? —inquirió Laura.
—La chica de la foto —explicó Cristian.
Laura observó su celular, se había encendido la pantalla, rápidamente escondió el objeto en el bolsillo de su falda.
—Ah… No, solo somos conocidas, hemos hablado —explicó la joven, después inclinó un poco la mirada.
—Vamos, lo más seguro es que hoy van a mezclar los salones, qué pereza —dijo Miguel a Cristian.
—Sí, lo más seguro es que será para eso. Espero que sigamos quedando juntos —los muchachos se fueron, dejando a la joven congelada por lo que había pasado.
Laura sintió su corazón latir con gran fuerza, su amor platónico estudiaba en el mismo colegio que ella. Mientras se dirigía al teatro, a lo lejos vio a Lorena con Camilo y el muchacho, se veían como un grupo más de estudiantes de aquella escuela.
Era cierto, estaban mezclando los salones, se volvió una tradición de aquella institución que todos los comienzos de año llamaran a cada estudiante y lo agrupaban en un nuevo grado, según la directiva, era un buen método para que los estudiantes socializaran.
—Este fue mi infierno el año pasado —se quejó Lorena—, ahora tenemos menos probabilidades de que estemos juntas.
—Ay, no digas eso, se supone que yo me mudé para poder estar contigo —dijo Marc algo asustado, se acomodó en la silla y miró a Camilo.
—No, yo no estudio con ella, no fue hasta hoy que comenzamos a hablar —explicó el muchacho.
—¿Y cómo pasó eso? —preguntó Marc.
—Ah… es que ella durmió en la casa de Cristian, entonces, yo comencé a molestarla, hicimos un gran revuelo en el desayuno y al final discutimos en el carro porque Lorena se había bajado y se estaba yendo sola al colegio, yo me enojé, me bajé y terminé acompañándola. No le hablo a Cristian, fue muy grosero con Lorena —explicó Camilo.
—Vaya, sí que me he perdido mucho, espero que cuando haya tiempo me cuenten todo con pelos y detalles —pidió Marc a los muchachos quienes acentuaron, Camilo no sabía el por qué debía hacerlo, pero le agradaba el joven.
Para la sorpresa de todos, Camilo, Cristian, Miguel, Lorena, Marc y Laura quedaron en el mismo salón de clases. Laura se sentó en un rincón al final del salón intimidaba por la situación, allí estaba Miguel y Lorena, “bueno, tampoco es como que a ellos yo les importe” pensó la joven.
—¡Laura! —gritó Lorena frente a la joven—, estamos en la misma clase, qué genial.
Laura tragó en seco, no sabía cómo reaccionar, si enojarse o simplemente ignorarla. Lorena se dio cuenta que su amiga estaba rara, ¿qué había pasado?
—¿Ella es amiga tuya? —preguntó Marc al lado de Lorena.
—Sí, nos conocimos ayer en el descanso —explicó la joven.
—Últimamente estás haciendo amigos, Lorena, te felicito —soltó Marc con una sonrisa.
—Oh… ¡Yo sé quién eres tú!, fuiste la que siguió a Miguel ayer en la tarde —dijo Camilo mientras rodaba una silla y se sentó frente a la joven.
—¿Qué? ¿A quién estaba siguiendo? —inquirió Lorena confundida. Laura al escuchar aquellas palabras se ruborizó por completo.
—Sí, ayer me asomé por la ventana de mi cuarto, estaba esperando a que Miguel me trajera el libro que le mandé a comprar y vi cuando ella se escondía mientras observaba a Miguel llegar a la casa, al parecer le gusta —explicó Camilo. Todos terminaron observando a Laura quien estaba completamente ruborizada y con ganas de llorar.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó Marc al ver que la muchacha quería llorar. De repente, Laura salió corriendo del salón de clases.
—¡Laura! —gritó Lorena bastante preocupada.
Al haber acabado de salir del curso Laura se tropezó con alguien, era Cristian quien estaba acompañado de Miguel, ellos se impresionaron cuando notaron que estaba llorando; la joven se fue corriendo, seguramente a un baño. Después vieron a Lorena quien fue a perseguir a la muchacha. Camilo quedó observando desde el marco de la puerta junto con Marc.
—¿Qué está pasando? —preguntó Miguel.
—Es la amiga de Lorena —explicó Camilo.
—Estaba llorando —dijo Cristian.
—Ah… sí, parece que le sucede algo —contó Camilo, en ese momento se acordó de lo que él había dicho—. Sí, le sucedió algo.
A veces nuestras más dulces fantasías se pueden convertir en nuestra más amarga realidad.