Viaje, peleas y encuentro.
Una semana después.
Dylan.
Una semana pasa tan rápido y más si al final de estas tendrás que despedirte de tu vida para empezar una nueva. La desesperanza me embarga, no sé qué hacer, no me quiero ir y dejar todo lo que me recuerda, que ella fue real, que lo que viví no fue solo un sueño y que cada detalle feliz siempre estará conmigo.
Esta semana no he ido al instituto ¿Por qué? Simple mi padre decidió que lo mejor sería preparar todo con anticipación y así no habría retrasos, creo que es el que está más interesado en abandonar la casa, la ciudad, el país y hasta en el mismo continente.
Suspiro por no sé ¿quinta, sexta vez? Quien lleva la cuenta de eso. Mis ojos se llenan de lágrimas cada vez que recuerdo a mamá y que ya no poder estar en la casa que con tanto amor ella decoró, tampoco en el jardín que juntas cuidamos.
El tiempo pasó tan rápido y hoy partimos hacia Canadá con esa bruja de Alison nada más de pesar en ella se me revuelve el estómago. No la soporto y sé que únicamente busca a papá por interés bruja desgraciada a, pero yo te haré la vida imposible.
Pensé decidida y claro que lo haré, no sabe de lo que soy capaz de hacer con tal de salir con la mía.
Mis maletas estaban listas, el vuelo está programada y en dos horas salía. No había de que despedirme, siempre he sido solitaria y nunca tuve un amigo real, talvez solo conocidos con los que alguna vez cruce palabras, pero que cuando más los necesite se olvidaron de que yo existía.
Pero eso ya no importa, jamás me importo, solamente me dolía irme del hogar donde crecí y donde los recuerdos de mi madre aún se mantienen vivos, pero eso, papá, no lo entendía más ahora que tiene nueva novia.
—Espero que ya estés lista— hablo mi padre con su atención en el celular —por qué en una hora saldremos hacia el aeropuerto— dejando y se fue sin mirarme.
No sabía qué hacer, estaba decidida a desgraciarle la vida a Alison, pero con la mía no tenía ni idea como iba a acabar.
Y sin quererlo vi mi primera oportunidad, en la entrada de la casa están las maletas de ellos y es tan fácil saber cuál es la de esa mujer, el rosa chillón es tan vulgar que sin duda es el favorito de una arribista como ella.
Rápidamente, corrí a la cocina con una bolsa, guardé un poco de leche en polvo y esta la envuelve en papel aluminio y este a simple vista parecía un paquete de polvo mágico, espero que este les haga pasar un mal rato en la revisión del aeropuerto.
Con esa idea en mente me devolví y asegurándome de que ninguno de los dos estuvieran por llegar rápidamente coloque ese paquete en la maleta de Alison.
Solté una risita llena de maldad y dejando todo como estaba me hice a un lado luciendo inocente, como si no he hecho nada.
Luego de eso ellos tardaron un poco y yo me volví a sumergir en mis pensamientos. No sé qué será de mí ¿Talvez sea monja? Y me convierte en la novicia rebelde.
¿O me convierta en estríper en las noches? UFF y capas que a papá le da un infarto.
¿O me fugue con el amor de mi vida para vivir felices para siempre? Por favor, ni novio tengo.
Sin duda peor suerte no puedo tener.
Y justo a al pensar esto, la puerta me da en la nariz, ya que quería entrar de nuevo a la casa.
—Auch— exclame ante el dolor que se extiende hacia mi cabeza, y vuelvo a quejarme de forma baja y reprimo las ganas de llorar para así encaminarme al auto de papá que me espera junto a su noviecita. Porque a ellos ni me voltearon, solo se ocuparon de guardar las maletas y subirse al auto.
Al llegar al aeropuerto pasé yo primero, ya que sabía que a ella la detendrían, así que no quería tener que estar esperándolo, sentí gran satisfacción al ver como la detenían y se la llevaban a otro lado, seguramente para hacerle sacar todas sus cosas, como me gustaría ver su cara cuando tenga que sacar todas sus cosas.
Media hora después ellos aparecieron, Alison está más roja que un tomate, y mi padre al encontrarme me da una mirada furiosa y es que no pude contratar la sonrisa maliciosa en mis labios, así que si antes suponía que yo tuve que ver con esa acción confirmo mi culpabilidad.
+++
Una nueva vida comienza, pero la mía no tiene ningún rumbo y me siento perdida en mi propio mar.
Tiempo después.
Estaba en un lago viendo el hermoso atardecer cuando siento que alguien me empuja y caigo de lleno a este cuando tratado de nadar para tomar aire, recuerdo que lo sé hacer, así que entro en pánico y trate de salir con estúpida del agua. Seguro y me veo como una loba dando manotazos a diestra y siniestras.
Cuando siento que la vida se me va de las manos, unos brazos me sacas del agua y empiezo a toser como un gato en busca de sacar su bola de pelos o como el perro de mi vecino cuando se come una croqueta y le queda atorada.
—lo siento— dijo una voz en mi oído, no podía reconocer al dueño, ya que escuchaba distorsionada y cuando trato de ver su rostro ¡pero valla! Tampoco lo veo por qué una mancha lo cubre, ¿estoy en un reality y no puedo saber quién concursa?
—Te perdonó si más das un beso— ¿dije yo eso? Diablos señorita, me desconozco.
—Todos los que tú quieras— respondió y se acercó lentamente hacia mí.
¡O dios mío la va a besar! ¿O me va a besar? No importa, pero que lo haga.
Está cerca, muy cerca, sus labios, sé juntan ella o yo cierra los ojos y…
—En Canadá ya estás inscrita en el colegio— Habla mi padre haciendo que me despierte sobresaltada.
Lo vi de mala manera, estaba a punto de tener mi primer beso, aunque sea en sueño siempre cuenta y él me lo arruinó y hoy no poder dormir para continuarlo. No le respondí nada ante lo dicho por qué estaba molesta.
~Rayos,~ me paso la mano por el rostro estresada, no sabía cuantas horas duraría el viaje y no quería pregunta, sé que el sueño ya se me espanto y hoy quiero llorar ¿Por qué me pasa esto a mí?
Nunca odie mi vida, pero justo en este momento tengo tantas ganas de llorar y gritar.
~~~
¡O vello Canadá! ¿Por qué estabas tan lejos? Ya no siento mi trasero, ¿esperen? ¿Cuál trasero? Si yo nunca he tenido.
Al llegar me estiro haciendo tronar todos mis huesos, se siente tan bien estar de pie.
Yo amo el frío, pero en este lugar es una maldita congeladora ¡Por dios! Tiemblo ya que mi abrigo no me brinda el calor que necesitó y la delgada camisa tampoco ayuda.
Veo a Alison bajar con enorme abrigo y papá con uno igual, pero en las manos de Alison hay otro fruncí el ceño al verla caminar hacia mí.
—Toma, hace mucho frío y eso que traes puesto será mejor que lo botes a la basura— por un momento mi mente se quedó en blanco, no sabía como tomar la actitud de esa mujer.
Pero mi rencor es más fuerte y además que el que traía era uno de los que mi madre me había regalado y decirme que lo tire es imperdonable.
Alce mi barbilla orgullosa y me prepare para responder esta zorra, no sabe de qué soy capaz.
—Quizás el frío te ayude a que las neuronas que te quedan se mantengan con vida para que te hagan entender que no necesito nada de una zorra como tú— le dije y ella se le cristalizaron los ojos por un momento no entendí y solo fue hasta que un tirón en mi brazo me puso alerta, pero al ver a mi padre todo estaba claro
¡Esa!
Lo hizo a propósito.
—¡¿Por qué no puedes ser amable con Alison? ¡Ella quiere ser una amiga para ti y tú te portas como una niña caprichosa y maleducada! ¿Así es como te educo tu madre? — pregunto y cada vez que habla el agarre en mi brazo aumentaba hasta el punto de provocarme dolor —¿Cuándo fue que cambiaste tanto? Si es porque tu madre ya no está, entonces tienes que aprender a superarlo, ¡ella ya no regresara! ¡Por qué está muerta! ¡Entiéndelo!— y esa fue la gota que derramo el vaso.
Me solté de su agarre con brusquedad, mis ojos se pusieron llorosos, era increíble como él ya había superado todo, creo que la esperanza de que él aún recordara a mi madre y todo lo que con ella vivió, hoy ya desapareció, pero hoy me ha quedado claro que no hay nada que se pueda hacer, él ya hizo su vida.
Unas lágrimas cayeron, pero me las quité con rapidez, odio verme débil ante los demás. Papá me veía con el ceño fruncido y un signo claro de molestia, el brazo donde me tenía sujeta me dolía, apreté mis puños y me trague todos los insultos que le quería decir, no caería tan bajo de pelear en un aeropuerto o darle la satisfacción a Alison de ver que sus acciones tienen resultado.
—Entiendo padre, si no tienes más decir es hora de irnos— le dije y desvié mi mirada, no quería que viera todo lo que me afectaba.
Ser indiferente antes era mi pan de cada día, así que no será difícil volver a hacerlo.
Papá dijo que afuera estaría la persona que nos llevaría a nuestra nueva casa, pero creo que solo se refería a él y a Alison porque no dejaba de verla al decirlo y a mí ni una mirada me dedico.
Con la mirada gacha empecé a caminar siguiéndolos, solo quería llegar a dormir, me sentía muy cansada, camine por unos minutos y no sabía que el aeropuerto fuera tan grande, pero no le tome importancia y seguí, cuándo levante la vista me di cuenta de que ellos no estaban.
Confundida vi a mi alrededor.
¡Genial!
Ya me perdí, ¿ahora que hago? Seguro papá, me buscará si es que se dio cuenta. Así que me sentaré a esperar.
Una hora después.
El frío era cada vez peor y nada más veía pasar a las personas con grandes y gruesos abrigos mientras yo me estaba congelando, no sé cuánto tiempo podre durar así, pero sé que no será mucho.
Al decidir esperar a papá pensé que no pasara tanto para que él apareciera preocupado.
Pero me equivoqué, creo que al pasar media hora y que él no apareció tuvo que haber sido una señal de que no llegaría, pero no llego, mi decepción es aún mayor, creo que papá al enterrar a mamá también enterró a su hija.
Sin poder contenerme mis ojos derramaron lágrimas, pensé perder solo a mi madre, pero supongo que también perdí a mi padre y a mí misma. Moriré de frío, ese es seguro, mi celular se quedó en la casa de mi madre, un error muy grande de mi parte, pero ya no importa.
Mis manos estaban congeladas y el frío más fuerte trataba de darme calor frotándolas, pero imposible mis dedos comenzaban a congelarse casi volviéndose morados.
Cuando de repente una sensación cálida me rodea, levanto la vista y una mujer mayor está al frente con una sonrisa cálida, ella me está poniendo un grueso abrigo.
—Toma cariño, el frío no es amigo de nadie— me dijo y estuve a punto de negarme, pero ella vio mis intenciones —sé que lo necesitas, no seas orgullosa y acéptalo— no pude negarme, ya que era verdad y el calor, aunque poco me reconfortaba.
—gracias— le dije, ella agachó la cabeza y se despidió de mí. Para más una extraña se preocupó y no mi propio padre que vueltas da la vida.
No podía estar más tiempo esperando a que papá se acordara de que tiene una hija, así que hice los más estúpidos que podría hacer un extraviado, comenzar a caminar.
No sabía la dirección de la casa o donde quedaba, pero no perdía nada con perderme más, a la única persona que le importaba ya no está así que da igual si me pierdo en este país.
Por lo menos me perderé con estilo. Al salir del aeropuerto mi situación no mejoro, la nieve caía y hacía más frío, a pesar de que tenía un abrigo más apropiado, aún sentía el frío como si no tuviera nada, mi nariz más roja que la del Rodolfo lo comprobaba.
Seguí caminando entre las calles sin saber a dónde demonios me dirigía cuándo encontraba dos direcciones diferentes y no sabía cuál elegir lo hacía a la vieja escuela, la que nunca te falla.
De tin Marín de do pingue este camino elegiré.
Y así izquierda, luego derecha me fui alejando cada vez más.
Camine por unos minutos y llegue, al parecer era una especie de parque con muchos árboles y un pequeño cuerpo de agua en medio que hoy estaba congelado, los árboles llenos de nieve se ven hermosos.
Un hermoso contraste me quedé maravillada con la vista, el frío paso a Sendo plano y solo me concentré en la vista, así que me fui a sentar para apreciar el paisaje.
Una sonrisa apareció en mis labios, mamá siempre quiso ver algo, de esta manera siempre planeamos unas vacaciones, pero con todo lo que paso no se pudieron cumplir. No sé cuánto tiempo pasé en esta posición, pero una sombra entre los árboles llamo mi atención.
Con mi pequeña maleta en mano y mi curiosidad latente me encaminé para ver qué era eso. Es que yo no tenía sentido común, pero no me importaba cuanto tengo curiosidad y no la alimento seguro moriré.
El parque prácticamente estaba desierto, pero no importaba al irme acercando la sombra, se presentó como hombre seguro de unos 30 años de edad, musculoso o eso me dice su ancha espalda y brazos que solo la cubre una delgada camiseta, sus brazos se ven fuertes. Inconscientemente, me mordí el labio superior al imaginarme tocándolos, el cabello negro se veía sedoso y tuve que reprimir la sensación de acercarme y preguntarle que champú usa
Joder su cabello se ve mejor que el de las mujeres, sus nalgas eran grandes y redondas, joder, que envidia cuando yo no tengo nada, sus piernas, aunque no se las veía, sabía que estaban bien buenas o más que eso.
Estaba tan inmersa viendo su retaguardia, pero un sonido me despertó asustada, vi para todos lados, pero no vi nada, el sonido volvió y me di cuenta de que un pequeño gatito está a mis pies maullando seguramente por el frío y el hambre.
El gatito hoz más ruido, lo que ocasionó que el hombre gire su cabeza en mi dirección, era imposible que escuchara, ya que estábamos una distancia considerable, me oculte detrás del árbol esperando que no me viera y supiera que lo estaba espiando o contemplando su cuerpo.
Tomo al gato y lo meto entre mi cuerpo y el abrigo para que el frío no lo siga molestando.
Al regresar mi vista al mismo lugar, él ya no estaba, vi para todo lados y no lo encontré decepcionada por no ver ese enorme trasero, regresé mis pasos con la cabeza gacha contemplando al pequeño gatito.
Uno de pelaje negro como la noche y ojos azules como el mar profundo, pero al querer dar un paso más un choco con un pecho enorme y duro.
Me queda como estúpida unos segundos, levante la cabeza poco a poco. Y ¡Oh dios! Si el sí retaguardia era linda, su cara también y como no reconocerlo si es el mismo cabello.
Una mandíbula cuadrada, cejas pobladas, labios carnosos con un toque rojo en ellos, con su hermoso cabello negro, pero lo más llamativo y no es su trasero son, sus ojos no son azules, tampoco verdes, son de un gris como una tarde en que las nubes cubren el cielo avisando de una lluvia que no se quiere dejar caer.
Sus ojos me tenían hechizada, no podía dejar de verlos, son tan lindos, reprimí un suspiro, pero verlo me hizo olvidarme de todo hasta de mi nombre.
—Es de mala educación espiar a las personas— hablo.
¡Diablos! Casi, casi tengo un orgasmo, es inconfundiblemente ronca, me estremeció completamente.
—eh b-bu-eno— solté una risita nerviosa y me puse a jugar con mis manos, aunque no podida apartarla mirada de la suya, por un momento creí ver un destello rojo en sus ojos, pero lo descarté. Una ráfaga de viento paso por nuestro lado y mi cuerpo tembló por el frío. ¡Diablos! Hasta el frío se me había olvidado por estar acosando aún extraño a, pero valió la pena.
Y no fui la única que sintió el frío, también el pequeño.
El hombre frente a mí me vio preocupado al ver mi reacción con una mano, me toco la frente, su tacto fue tan cálido y reconfortante que tuve la intención de cerrar los ojos y acurrucarme más en él.
No sé en qué momento mis piernas me fallaron y casi caigo de no ser por el guapo delante de mí, hubiera probado el duro suelo.
—Estás ardiendo— hablo, pero no le entendía nada, el cansancio se apoderaba de mi ser.
—Descansa pequeña mía, yo te cuidaré— es lo u último que escuche y la inconsciencia me envolvió.
A pesar de todo, me preocupé por el gatillo entre mi cuerpo y abrigo.