—¿Cuál es el nombre de la diseñadora? —La pregunta corta la tensión y parpadeo casi con incredulidad.
Dios, lo está considerando.
—Julia Donoghue.
Parece reconocer el nombre.
—Buena diseñadora.
—La mejor. —No sabía que existía Julia Donoghue hasta ayer y, por hermosos que sean sus vestidos, no me interesan.
—Sus cosas se venden aquí en San Francisco. ¿Por qué no puedes ir a Nordstrom y elegir uno? Tenemos tiempo.
—Estamos hablando de mi vestido de novia. No quiero simplemente elegir uno. Además, es probable que todos los hermosos vestidos desaparezcan antes de que lleguen a la tienda si se exhiben en un evento como éste. —Mi cerebro trabaja horas extras...