Bueno, aquí vamos.
Empujo la puerta, doy un paso y me reciben unas luces intermitentes doradas y plateadas y lo último de un club. Pero en el segundo en que paso por la puerta, sé exactamente cómo se sintió Alicia cuando cayó por la madriguera del conejo y terminó en el País de las Maravillas.
Excepto qué a diferencia de Alicia, aterricé en la fantasía oscura y salvaje de alguien donde hay exhibicionistas en jaulas de vidrio a cada lado de la puerta teniendo sexo.
Estoy tan sorprendida que me detengo y me encuentro mirando porque no puedo creer lo que estoy viendo. Sabía que podría ver algo, pero no...