—¡Violeta, no te vayas! —Dio un par de pasos hacia mí, intentando sujetar mi ropa, pero su teléfono volvió a sonar.
Adiviné al instante que sería Leticia.
Celino vaciló un momento, pero pronto contestó el teléfono con un tono suave:
—Leti, ¿qué pasa?
No sé qué le dijo Leticia, pero el reflejo en el cristal mostró cómo él se apresuraba a correr en la dirección opuesta.
Sin una pizca de duda ni de remordimiento.
En el pasado, habría corrido tras él, intentando detenerlo, quizás incluso llorando y rogándole. Pero ahora mi corazón estaba en calma.
A lo largo de estos años, Celino nunca dejó de lado a Leticia en su...