Egan asintió, evitando al máximo demostrar cualquier asombro en su rostro.
– Bien hecho –Katya escondió una sonrisa de orgullo–. Parece que se te da bien la autoridad.
Katya se encogió de hombros.
– Las cirugías e intervenciones en el hospital me dieron experiencia; ser la doctora de cabecera es algo muy similar: dar órdenes, dirigir, tomar decisiones importantes en lapsos cortos de tiempo. Solamente que en ese caso tienes la vida de un paciente en tus manos, y en el tuyo, tu heridas, propiedades, dinero –Katya se inclinó en la camilla, susurrando para que los hombres de Egan, que los cuidaban desde el otro lado de la puerta, no...