—¿Estas bien?
Asiente con la cabeza, todavía aturdida y en shock por lo que acaba de ocurrir, con mis dedos pulgares seco sus lágrimas, para luego volverá abrazar con mucho cariño. Una vez que está más tranquila, me alejo de ella y pongo mis manos sobre sus hombros, mirándola a los ojos, le digo que no puede volver a este lugar hasta que haya terminado con mi entrenamiento, que podría ser muy peligroso para ella y que no debe preocuparse por mis emociones.
Donna me mira con el ceño fruncido, noto en sus ojos que se niega a dejarme solo, pero sus palabras son un “Lo entiendo, cuidate y procura...