Llegamos hasta el bloque de los dormitorios y caminamos por las escaleras, solo hasta que veo la puerta del cuarto de Donna es que me doy cuenta que tenía la mandíbula tensa ya que me he relajado casi por completo, todavía tengo la respiración agitada del enojo que me causa ese asqueroso aroma.
—Apestas horrible a ese otro hombre... no lo soporto.
—Perdón, mi intención no era caer sobre Adry... pero sí que tienes razón que apesta horrible.
—No lo digo por el olor del sudor... lo digo por qué.
Pego su espalda contra la pared de forma brusca, haciendo que suelte un chillido de miedo, luego estampo mis manos...