Le doy un fuerte codazo en las costillas esperando a que se calle, pero es demasiado tarde, ya ha dicho lo que somos.
Mi hermana suelta un bufido de incredulidad y me ha reclamado por tener otro novio, que si no he aprendido con Rowan. Otra vez, me da el sermón de siempre, que no necesito estar en pareja para ser feliz y que debo aprender a estar sola. De forma ocasional, miro de reojo a Reese, que se ve tranquilo y apacible, pero en sus ojos se nota que está harto de escuchar las palabras de mi hermana y no le culpo, yo también estoy harta y fastidiada, hastiada...