Tal y como predije, Reese apareció en menos de diez minutos. Mi vientre abultado no es la única sorpresa que he tenido el día de hoy, ya que una enorme cicatriz descansa sobre el rostro de mi marido; Reese está muy feliz de verme, que no se ha dado cuenta de mi vientre.
Me toma entre sus brazos y me abraza, pero luego me mira sorprendido, pongo su mano sobre mi vientre y le dedico una sonrisa muy sincera. La expresión de sorpresa de mi marido no tiene precio, luego toma mi rostro con ambas manos y empieza a depositar pequeños besos sobre mis labios.
—Gaia me bendice con muchas...