—Donna, ya puedes parar.
Escucho en la lejanía la voz de mi abuela, se le nota preocupada. Espero no haber hecho algo mal o que me haya concentrado demasiado haciendo que mi energía dañe a los acechadores. Abrir los ojos se me hace algo tan difícil, que me cuesta horrores, todo mi cuerpo está adormecido, un ligero bostezo se me escapa.
—¿Cómo ha ido el ritual? — Me cuesta un poco hablar.
—Todo ha ido de maravilla, los acechadores ahora están en la enfermería recuperándose.
Trato de levantarme, pero no puedo, siento el cuerpo muy pesado. Mi abuela se para a mi lado y me ayuda a ponerme de pie,...