—¡Gaia bendita! — Exclamo con asco y horror.
Al escucharme, mi peludo se levanta y antes de alejarse de mi ex, le da un fuerte pisotón en el pecho haciendo que unos huesos crujan de forma escalofriante, se me ha erizado la piel y un repelús recorre toda mi espalda, que sonido tan inquietante.
—No te quiero ver cerca de mi hembra, la próxima vez que sienta tu olor sobre ella, te voy a matar y ofreceré tus restos a la tierra maldita.
Rowan se levanta con mucha dificultad del suelo y coloca uno de sus brazos sobre su herida, parece ser que ha perdido su ojo derecho. Le dedica...