Veo que la puerta del cuarto está abierta, gracias al cielo, que yo no soy como Reese, que puede abrir puertas aun teniendo a alguien sobre sus brazos. Con la punta de mis dedos la abro de par en par y dejo la charola sobre mi mesita de noche, luego asomo la cabeza por la puerta del baño y veo que él sigue metido en la tina, completamente relajado.
—Me alegra que lo disfrutes.
Al escucharme, me voltea a ver dedicándome una enorme sonrisa, luego extiende su mano en mi dirección, invitándome a entrar, dudosa acepto su invitación.
—Hacía tiempo que no tomaba un baño en la tina, siempre estoy...