Él me voltea a ver, ofendido por lo que he hecho y me gruñe furioso, luego se lanza contra mí y lo esquivo, pero en un rápido movimiento se termina subiendo a mi espalda, teniendo que forcejar con él. Es demasiado ágil el maldito desgraciado y también es bastante fuerte. Conforme el enfrentamiento avanza, la hiena se ve acorralada, pero no se rinde.
Estoy por lanzarme hacia él, pero una sonrisa burlona se dibuja en sus labios, sus acechadores empiezan a venir hacia mí, provocando que los guerreros lancen sus flechas, en pleno alboroto, noto que ese maldito se escabulle entre uno de los callejones cercanos, sin pensarlo dos veces...