Entre jadeos y gemidos susurro el nombre de mi esposo, ansiosa por ser suya. Sus labios se detienen en mi pecho, su lengua no para de lamer mi pezón derecho, de momentos lo succiona con algo de fuerza, haciendo que mis gemidos sean más vigorosos, no dejo de apretar las piernas. Luego se dirige al izquierdo y hace lo mismo, sus manos no dejan de acariciar con delicadeza mi cuerpo, haciendo el momento más intenso, al punto que mi intimidad no deja de escurrir de mi líquido.
No paro de repetir su nombre, una y otra vez, como si esto fuera a apresurarlo para que me penetre, pero lo cierto...