Pasan de las cuatro de la tarde cuando llego a casa, después de una ducha me pongo unos pantalones de yoga negros y una camiseta rosa estilo olímpica. Mi cabello esta todavía húmedo cuando me siento en el sofá junto a Apolo.
Había organizado que Luisa tuviera atención de primera, también pase el día con ella hasta que pidió que saliera de ese infierno y me viniera a descansar.
Mis ojos se cierran solos mientras Apolo esta sobre mi regazo y me exige atención como un niño.
Estoy acariciando su cabeza, cuando llaman a mi puerta.
Suspiro.
Me pongo de pie e ignoro las propuestas de Apolo.
Abro la puerta...