Un latido a la vez
La tormenta estaba empecinada en darle a esa noche un matiz de emotividad sin precedentes. Era un verdadero vendaval el que se estaba precipitando desde el cielo para cubrir la tierra con ese baño de vida y de teatralidad. Si algún poeta estuviese inspirado en esa noche, de seguro que podría despertar desde lo más profundo de su alma la musa de la genialidad; sin embargo, en mi momento de extensión agobiante, aquel golpeteo de las gotas sobre el techo solo servía para disimular el palpitar descarriado de mi descontrolado corazón.
Ethan había sido muy elocuente al dejar en claro que toda la responsabilidad pesaba...