Nada que hacer
Ya no había nada que hacer. Las cosas que podían salir mal habían salido mal y al final todo había determinado en una situación mucho más compleja que la de antes. No había forma de asumir aquello como algo provechoso o por lo menos aceptable, todo se me estaba viniendo encima cuando quise darme cuenta de mi situación y eso que el tema del embarazo ni siquiera se llegó a mencionar.
Rebeca, antes de irse, llevando de la mano al señor Cavill, me dedicó una medida de desprecio como lo había hecho aquel día cuando yo tome su lugar firmando el dichoso contrato. Ahora, a diferencia de...