Causa y efecto
Martins me había salvado del apremiante asedio en el que me encontraba acorralad cuando esa puerta se abrió. La disposición activa y dispuesta al avance que el señor Cavill había exhibido hasta entonces desapareció de plano y dio cabida a una actitud netamente centrada en una molestia incontenible que sé vía reflejada en sus puños apretados y el fuego que destilaba por sus fosas nasales. Solo en el centro de la habitación, como si no fuese consciente de lo que acababa de desencadenar, el abogado sonreía sin dejar de mirarme como esperando alguna reacción de mi parte. Las cosas no estaban nada bien, cada uno por su...