Él sonrió, con sus manos viajando por su cuerpo con destreza.
—Eres demasiado noble, mi diosa. Si hubiera sido yo, estarían muertos desde que pisamos Uregon —murmuró, deslizando una mano por su vientre, provocando que ella soltara un gemido reprimido, al sentir sus dedos hacer círculos en su entrada balbuceó.
—No... aquí no... —murmuró Marie, mordiéndose el labio inferior mientras intentaba reprimir un gemido. Su mente luchaba por mantener el control, pero su cuerpo la traicionaba, sintiendo cómo el calor la recorría como un volcán en erupción. Cuando Odín, con un movimiento brusco, le arrancó la blusa de un tirón, su cuerpo se arqueó hacia él involuntariamente. Las piernas de...