A la mañana siguiente, Aradne se despertó sobresaltada por un ruido. Al abrir los ojos, vio al doctor guardando algunos instrumentos en su maletín. Junto a él estaba Cleo, colocando una bandeja de comida sobre la mesa.
—Buenos días, Aradne. Mientras dormías te examiné, tienes mejor semblante. El tratamiento ha hecho efecto, en poco tiempo desaparecerán las marcas oscuras de tu piel —explicó Kirian cerrando su maletín.
—Gracias, doctor, por curarme nuevamente. Usted es una de las pocas personas buenas en esta manada —balbuceó Aradne, mostrando una mueca de gratitud.
El doctor, sin levantar la vista de su maletín, respondió con seriedad.
—Solo hago mi trabajo, Aradne. Y no solo...