Lo perseguí durante bastante tiempo hasta que finalmente lo alcancé. Cuando estaba a punto de recuperar mi helado, ambos cayeron de sus manos. Él se detuvo sorprendido mientras yo miraba ambos conos en shock. Germán, dudoso, se volvió a mirar mi rostro; debo haber tenido una expresión aterradora porque luego dijo:
—Rosalía, cariño, no te asustes, ¿ok? —mientras retrocedía lentamente.
Salí disparada hacia él cuando empezó a correr. Una vez más lo perseguí hasta que estuve demasiado cansada para seguir corriendo. Terminamos riéndonos de toda la situación para cuando dejamos de correr; sin embargo, le hice prometer que me compraría un tubito de helado antes de regresar a casa.
Después...