Punto de vista de Alejandro
Pasé la lengua por mis labios secos, sintiendo algo húmedo en la esquina de mi labio ahora en mi lengua. El sabor de la sangre no era nuevo para mí, era algo que había entrado en mi boca demasiadas veces. Sin embargo, esta vez era diferente. Esta vez no sabía a sangre, no tenía ese horrible sabor metálico; de hecho, sabía un poco dulce.
—¡¿Qué demonios?! —pienso, pasándome la lengua por los labios de nuevo, esta vez saboreando más del líquido.
Sin pensarlo, tomé al conejo y lo levanté, permitiendo que su sangre drenara en mi boca. Cuanto más bebía, más rápido se curaba la...