George me tenía atada a la silla, en un sentido metafórico. Sólo podía mirar mis manos y, por más que Carish insistiera en unirme a sus chistes tontos, no podía responder ni una mirada. No es que lo quisiera, realmente.
Un mesero cubierto por un diminuto boxer de cuero y una máscara del mismo material en el rostro se acerco a nuestra mesa y, arrodillandose, entregó dos menú, uno para cada Amo.
—Hmm— Carish examinaba el menú mientras su sumiso se arrodillaba a verla con ojos de admiración, me sentí horrorizada, ¿Qué mierda le pasaba a ese hombre? Sé, gracias a mi trabajo y a todo lo que Eder me...