Me quedé callado, en parte sintiéndome responsable por lo que actualmente estaba viviendo el entrenador y sopesando las palabras de mi progenitor, verlo sin una botella encima o el tío Bloud de acompañante era recordar a mi papá, ese que me montaba en sus hombros y me paseaba por todos lados. Justo en el momento en que pensaba en soltarme un poco más con él, como en los viejos tiempos, un ruido de botas sonó junto a la puerta chocando con el marco y vi de reojo como Esther ponía una mirada aterrada, sabía quién era y suspiré sonoramente ganándome una mirada dura de mi padre.
—Hermano, esas calles quedaron...