Todos los invitados, amigos, colegas y seres queridos esperaban ansiosos la reacción de Carolyn. El salón bien decorado con toda la comida y las bebidas ya no se veía atractivo, ya que Carolyn parecía estar aturdida. El silencio fue interrumpido por un estruendo de risas excitadas.
Carolyn sintió que acababa de escuchar la cosa más tonta del mundo y no podía dejar de reír. El dulce sonido de su risa estaba golpeando a Aaron en el pecho como un martillo. No podía adivinar lo que ella estaba pensando en ese momento.
Carolyn miró a Jere a los ojos y le preguntó burlonamente.
-¿Qué te hace pensar que yo, Carolyn, creeré...