Pensó que sería incómodo ver los rostros acusadores de los porteros al ver a una pareja de religiosos entrar a un sitio de estos, pero las caras inexpresivas de esos profesionales, que solo se limitaban a hablar lo necesario. Eso la tranquilizo un poco, pero no lo suficiente para apagar sus ruborizadas mejillas, “qué bochorno”, reflexionaba, aunque no era comparable con todo lo que le sucedería a continuación.
—una sola cama, qué problema. —esta vez opinó en voz alta.
Erik se coloreó para responderle, —tranquila, puedes usarla, yo dormiré en la tina o en esa silla extraña.
—eso no es justo, esa silla se ve incómoda y en el jacuzzi...