A salvo en el yate, dejando en el recuerdo una mala aventura por culpa de las misteriosas corrientes marinas, después de que ser consolada por mi amiga Mia, quien me limpio las heridas. Decidí ir a bañarme, para quitarme el sudor de miedo y tratar de enjuagar esos recuerdos amargos de la tragedia, mezclados con los de los dulces besos que elevaban mi deseo.
No entiendo por qué los humanos tuvieron que complicarlo todo, porque no podemos sucumbir a nuestras pasiones sin tener miedo al qué dirán o a dejar una mala impresión. Aún más complicado para las mujeres, si tomamos la iniciativa peligramos pasar como fáciles y ningún chico...