—¿Dónde estoy? —Ximena se despertó, la cabeza le dolía, estaba acostada en un colchón viejo, en un gran cuarto con paredes viejas, cuya pintura se desprendía por la humedad. Se levantó analizando a su alrededor, las ventanas habían sido tapadas con láminas de acero, la luz entraba por la teja plástica que tenía el lugar. La altura de las paredes de esa bodega hizo que ni siquiera considerara escalarlas. Trato de abrir la puerta, y esta ni siquiera tenía una perilla de donde intentar jalarla.
—¡déjenme salir! —le chillo a las cámaras, —no saben con quién se metieron, mi marido los matará, es un hombre muy peligroso. Les juro que...