Lo mismo me preguntaba yo. ¿Por qué no pudiste enamorarte de mí? De pronto el aroma del café hizo que el estómago se me revolviera. Arlen apareció en la puerta con dos vasos desechables. Nos dio uno a Alina y otro a mí.
—No pregunten qué es, solo tómenselo y se sentirán mejor, lo prometo —dijo alzando la mano.
Lo probé y era horrible, pero me asentó el estómago y me lo tomé sin protestar. Sin dirigirle la palabra acepté que Arlen nos llevara a Ethan y a mí. Llevamos a Ethan primero, y cuando entró Arlen me pasó el brazo por los hombros y me apretó.
—Me siento tan...