—Emm, a ella le gusta estar activa, estar en cama será muy difícil, pero hay que buscar la manera de que no se aburra, yo te voy a ayudar — le dije intentando darle ánimos.
—Gracias, hermanita, por eso te quiero —Me abrazó y se limpió las lágrimas. — ¿Quieren entrar a ver a Miriam? —preguntó Emmeran.
—Yo quiero —grité y una enfermera me miró mal. Emmeran sonrió.
—No te preocupes, Ciara, en el hospital te conocen como la gritona. Sentí mis mejillas calientes y entré al cuarto. Miriam estaba dormida, pero al sentir que alguien entraba abrió los ojos.
—Lo siento, te desperté —me disculpé.
—No estoy dormida, solo...