Abro la puerta de mi habitación de par en par con una sonrisa de labios cerrados. Me paseo por los pasillos del palacio con gran satisfacción irradiando mi pecho.
Mi vestido largo y blanco se desliza por el suelo inmaculado.
Cada tanto veo pasar a alguna que otra dama de compañía que hace una reverencia en mi dirección y camina con la cabeza agachada hasta que tomo distancia y vuelven a elevar la mirada.
Veo pasar a un soldado armado con una enorme hacha en su mano y me interpongo en su camino. Este frena de golpe. Abre los ojos y rápidamente hinca una de sus rodillas.
—Larga vida a...