AUTORA.
Sí, aparece mi voz finalmente. Juguemos con el narrador un poquito.
El temblor de los árboles y el aleteo desesperado de los pájaros hizo comprender a todos, con gran temor e incertidumbre, que el enfrentamiento contra Zeus estaba a la vuelta de la esquina.
Los dioses y semidioses, desesperados, salieron al patio trasero de la casa de Max Voelklein y Ada Gray.
Con la mirada en el cielo, observaban las grises nubes aproximándose. Eran de esas que daban la sensación de que el mundo iba a venirse abajo.
Si bien para un mundano significaba una lluvia pasajera, para los dioses era muchísimo más que eso. Era una señal divina...