Los días siguientes estuvieron llenos de incertidumbre, Charlie se alejaba cada que podía y Tyron cambiada de temperamento con frecuencia.
Las cosas con Bobby sí marchaban bien, cuidé de él como un hijo mismo, aprendí a darle la comida que le gustaba, formas de tomar el baño y juegos que podíamos tomar dentro de casa sin poner nada en riesgo.
Charlie pasó la mayor parte de los días tumbado sobre el sofá; por suerte, Tyron había traído un televisor a casa, algo más con que distraernos, pero por desgracia, el control estuvo en manos de Charlie la mayoría del tiempo.
No hice más que jugar en la cocina, era pésima...