AÑOS MÁS TARDE
Ahora era madre de dos adolescentes, Massimo y Bella, sin dejar de lado a mis hijos adoptivos Penélope y Carlitos.
El trabajo y el hogar se volvieron mi día a día, sin dejar de contar los infinitos viajes que pudimos disfrutar.
Se volvió rutina ir cada año a aquella playa en Río de Janeiro dónde por desgracia, Charlie tuvo que despedirse del amor de su vida. Nos sentábamos allí a la orilla del mar, música lenta de fondo, una botella de vino y las olas del mar caer. Los chicos corrían por todos lados y nosostros debatíamos todo el tiempo que habíamos disfrutado junto a Bella.
Éramos...